jueves, marzo 19

Sudando la toga

Las vistas públicas estaban pautadas para comenzar a eso de la 1:00 pm. En Macondito siempre se usa la frase "a eso de" por aquello de tener presente el grado de impuntualidad que caracteriza la mayoría de las citas para trabajar con los más diversos e importantes asuntos que aquejan al país. La realidad es que hace dos semanas todavía no tenía una opinión formada sobre el asunto de la colegiación obligatoria (la palabra compulsoria no está en el Diccionario de la Real Academia Española). Se informó como debía para poder formar una opinión y asumió una postura. En la mañana tuvo el clásico dilema de si disfrazarse como una de ellos o de sí misma... o si hacer una combinación de ambos. Ecléctica es una buena palabra para describir como lucía aquel día. Lo que sí tenía claro es que con respecto al dilema de la colegiación obligatoria su postura estaba formada... nada de eclecticismo con respecto al tema.

Al mediodía se encontró con Robin. Sí, con Robin... porque como Batman y Robin habían decidido ir a dar la pelea en cuanto a este asunto al mal llamado "palacio de las leyes". La tarde se anunciaba como una secuela de contradicciones y clandestinaje. Robin estaba de punta en blanco... nada de eclecticismo con él. Su decisión fue estar con el gremio hasta en imagen. Después de calmar el hambre decidieron tomar la guagua pública para llegar hasta el lugar de los hechos. Vestidos de seda se montaron en aquel cajón de metal lleno de grafiti para llegar al santuario del mármol. Con qué sorpresa se encontraron cuando llegaron y les dijeron que la vista había sido movida al Edificio Luis A. Ferré, un edificio que es dedicado (como muy bien mencionó Efrén Rivera Ramos en su columna en El Nuevo Día) al estacionamiento de automóviles. Así estaba la cosa... los temas medulares de una sociedad más que democrática, pluralista, se atienden en edificios accesorios y carentes de importancia o protagonismo.

Al llegar se toparon con la escena de algunos estudiantes maquinando cómo lograr acceso al edificio pues se lo habían negado después de llamarles terroristas. "Déjalos que suban, total no van a llegar a ningún lado..." decía el guardia que vigilaba el estacionamiento. Subieron con ellos de manera clandestina por unas escaleras algo escondidizas y para nada principales hasta lograr acceso al ascensor que les permitiría llegar al lugar en donde se discutiría el asunto. Tantantantaaaaaan, el ascensor se abre y aparece ante sus ojos un enjambre de hombres en traje y mujeres en suit produciendo un murmullo ensordecedor en un pasillo de apenas algunos tres pies de ancho. Se insertaron en el enjambre para descubrir que estaban ante un murmullo y una aglomeración productos del atropello. Allí, en un edificio accesorio al "palacio de las leyes", los representantes se las ingeniaron de manera insidiosa para ofrecer una vista "pública" en la que el público no podía entrar porque no cabía en el salón. Allí estaban aglomeradas aproximadamente unas cien personas, algunos abogados y algunos aspirantes a la abogacía, sudando sus trajes y suits en medio de las amenazas de que si no se hacía silencio darían por leída la ponencia del Colegio de Abogados defendiendo la colegiación obligatoria. La escena era elocuente por demás: gotas de sudor y maquillajes corridos eran los compañeros inseparables de las pancartas rechazando el Proyecto de la Cámara 152. De repente le vino a la mente la imagen de las cámaras de gas en las que morían los judíos en la época de Hitler. Estuvo segura de que a muchos les hubiese gustado ver aquella escena en la que unos cuantos abogaduchos se asaban en su propio caldo y se asfixiaban con su propio óxido de carbono. Ante la súplica del presidente del Colegio de Abogados trataron de hacer silencio y se orquestó un piquete improvisado en las afueras del edificio. El edificio en sí mismo ya estaba en las afueras del "palacio de las leyes" y los abogados del país, supuestos funcionarios del Estado, ahora estaban en las afueras de las afueras. Nada más con el testigo.

Salieron, fumaron y marcharon en lo que Robin llamó la "machina". Daban vueltas coreando de vez en cuando las consignas que gritaba alguien a punto de quedarse sin voz. Recordó por un momento aquellas madrugadas de pasquinar a favor de la Hermandad de Trabajadores de Servicios Sociales con su papá y con Haydeé Colón, hoy defensora del ambiente. Al cabo de aproximadamente media hora apareció, cual ilusión óptica, una F-150 con bocinas típicas de las pintorescas "tumbacocos". Micrófono en mano aquella voz pudo descansar un poco. De la F-150 se bajó una morena delgada en traje blanco justo arriba de la rodilla... no hay que olvidar que la tarde era una llena de contradicciones. Aquella jovencita estaba más presentable que algunas abogadas en los tribunales del país. Hablaron de cómo le pasarían el rolo a un gremio que se piensa a sí mismo y que es pensado por lo demás como uno lleno de poder. La imagen de un rolo gigantesco aplastando a los otrora "letrados" del país se hizo contundente al poder constatar que la ponencia del Colegio de Abogados mordía el anzuelo del discurso político partidista que rechina en el cerebro de Liza Fernández y se aducía como un argumento en defensa de la institución el hecho de que cuando los "penepés" no tenían en dónde reunirse el Colegio de Abogados les prestó su sede. Decidieron marcharse ya que realmente no se estaban enterando de lo que pasaba en las vistas "públicas" y tomaron la guagua de regreso a Miramar. Al montarse en la guagua se percataron de que una ventana que habían cerrado realmente había permanecido abierta porque dentro de la guagua el olor a gasolina era asfixiante. Flamables... así venían de las vistas y ahora les tocaba una segunda cámara de gas que parecía presagiar que, en efecto, a su postura le faltaría el oxígeno vital para poder subsistir.

Al llegar a su casa encendió la radio en AM y sintonizó una parte de las vistas. El atropello que se vivía dentro de aquel diminuto salón era peor que el que vivieron aquellos hombres en gabán y mujeres en suit en el pasillo del edificio. Pensó: a lo mejor fue mejor quedarse fuera... La vista se celebraba en un ambiente de hostilidad total en el que la representante Liza Fernández se dirigía al presidente del Colegio de Abogados como si fuera un acusado que está siendo juzgado en una jurisdicción en la que los acusados no tienen derecho alguno. Mucho después de lo que lo hubiese hecho yo, y ante el hostigamiento de la representante, el presidente del Colegio le dijo: "Honorable, puedo exlicárselo cuantas veces usted desee pero no está en mis manos lograr que usted entienda lo que le estoy diciendo." Saltó "Primitivo" Aponte a pedir una moción de privilegio en la que se le llamara la atención al deponente, que más que eso parecía un acusado, por haberle faltado el respeto a la representante ya que su comentario denotaba que estaba indicando que Fernández no tenía la capacidad suficiente... Ni que fuera un pecado o una falta de respeto decir de manera decorosa la verdad: que a aquella mujer no iba a haber quien la hiciera entender porque ya tenía "la mente hecha" con respecto al tema. A pesar de que Fernández no se había dado cuenta de lo que el comentario denotaba, tomó el próximo turno al bate para hacerse saber ofendida y continuó la lluvia de palos dentro del salón.

Luego de transcurridos unos cuantos días del vergonzoso suceso, se lamenta profundamente de que este tema esté siendo abordado de una forma tan irresponsable. Se lamenta también de que el velorio de Filiberto Ojeda Ríos y el hecho de que el Colegio se haya alineado con posturas que, aunque correctas ante mis ojos, son percibidas como de izquierda termine costándonos la colegiación obligatoria por la falta de lo que en griego se conoce como logos. Logos: (en griego
λóγος) significa: la palabra en cuanto meditada, reflexionada o, es decir: razonamiento, argumentación, habla o discurso. También puede ser entendido como: inteligencia, pensamiento, ciencia, estudio, sentido.

Ojalá y no tenga que abrir el periódico en los próximos meses y encontrarse con la siguiente esquela ni tenga que asistir a la misa de réquiem del distinguido:

Colegio de Abogados de Puerto Rico

1840 - ¿2009?



Fotografía: Siumell González-Bermúdez

1 Comments:

At marzo 21, 2010 12:34 p.m., Blogger David TTT said...

Hola.
Antes de nada, perdona que te escriba esto como un comentario, pero es que no vi tu email en el tu blog
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Muchas Gracias por tu tiempo... y disculpa si no fue la mejor manera de darme a conocer.

Un saludo.

DAVID T.
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